La cara oculta de Rototom: «Peace & Love» y acoso sexual
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Este agosto de 2026 se ha celebrado la 31ª edición del Rototom Sunsplash, un festival de música reggae que se celebra cada año desde 2010 en Benicàssim.
Con una semana de duración, un recinto de conciertos con más de cinco escenarios, el festival internacional ha finalizado con diversas quejas por parte de las personas asistentes, no solo por la programación artística, sino también por la reducción de servicios básicos, el aumento de los precios, la alta presencia policial y algunos incidentes con el personal de seguridad privada. En este caso, Artista o Musa hemos cedido un espacio de altavoz para explicar y denunciar públicamente, desde una perspectiva feminista, las situaciones que algunas de las asistentes de esta edición nos han hecho llegar.
Este 2026 ha cerrado su edición con 169.000 asistentes procedentes de casi un centenar de países. El público asistente se aloja en diferentes espacios durante el festival: en apartamentos privados del pueblo o bien en la zona de acampada que facilita, previo pago, el propio festival. Conviven desde familias con criaturas hasta gente joven y adulta con ganas de pasarlo bien y compartir.
El machismo y las agresiones sexuales, por desgracia, pueden suceder en cualquier lugar y es por ello que, desde cualquier organización, hay que procurar espacios seguros y comprometerse con medidas de prevención, asistencia y respuesta en caso de que ocurran, como lo son los conocidos puntos violetas. En todo el recinto y la zona de acampada solo había dos puntos violetas, los cuales, debido a la dimensión del festival, no eran siempre accesibles: uno se encontraba en la entrada de la zona de conciertos, junto al punto de Cruz Roja, mientras que el otro estaba en la zona de staff y acampada familiar (Camping A).
I. El sexismo en el Rototom y una experiencia personal
Somos conscientes de que todas estas situaciones que describimos a continuación son un reflejo del sistema patriarcal en el que vivimos, pero, a menor escala, también provienen del modelo que promueve activamente el propio festival. Precisamente en el escenario se perpetúan estas dinámicas, con una programación mayoritariamente cis-masculina y con un comportamiento sexista generalizado: la mayoría absoluta de bailarinas mujeres acompañando a artistas masculinos es uno de tantos ejemplos.
A escala personal, las situaciones de acoso eran múltiples y se repetían por todo el festival. Dentro del recinto musical nos encontrábamos con hombres que se acercaban descaradamente con intenciones sexuales y que incluso se apartaban ofendidos cuando los rechazábamos, si es que se apartaban, ya que no siempre era así.
En la zona de acampada es donde se produce la mayor parte de las situaciones de acoso, particularmente en la zona de duchas y lavabos del Camping B. Este espacio cuenta con lavabos prefabricados y duchas mixtas y abiertas, medio tapadas con una lona verde semitransparente que dejaba entreverlo todo desde fuera, incluso aquellas que eran individuales. Allí, mientras nos duchábamos, nos encontrábamos con voyeurs sentados y mirando en dirección a los lavabos y las duchas, a veces con el móvil en la mano, como si estuvieran grabando. También había situaciones de exhibicionismo por parte de hombres cis que producían mucha incomodidad. Era sobre todo cuando estábamos solas o acompañadas únicamente por otra mujer cuando se nos acercaban y nos observaban de manera lasciva, nos hacían comentarios sobre nuestros cuerpos —como «you’re so sexy» y «I like your body», entre otros—, con la intención de establecer una conversación y flirtear. Todo ello mientras estaban desnudos y nos recorrían con la mirada de arriba abajo a menos de dos metros de distancia. En más de una ocasión, incluso con los genitales erectos. Todo esto se suma a un gran número de interacciones con hombres que, mientras nos lavábamos los dientes, cocinábamos o hacíamos cualquier otra cosa, se nos acercaban para flirtear de manera muy insistente.
En esta zona no hay punto violeta ni asistencia de ningún tipo. El personal más cercano es el conjunto de vigilantes de seguridad de los puntos de acceso a la acampada —y, por tanto, relativamente lejos de la zona de duchas—, que no parece tener ninguna formación ni instrucción en cuestiones de acoso sexual y violencia de género. ¿A quién teníamos que denunciar todo esto, si en el lugar donde ocurren los hechos no hay nadie a quien decírselo? ¿Se suponía que teníamos que salir corriendo, desnudas, hasta el punto violeta situado en la otra zona de acampada, y perder de vista al hombre que nos ha incomodado y que apenas podremos describir a las técnicas del punto violeta? ¿Tendríamos que haber recurrido a los vigilantes de seguridad? Precisamente, otras denuncias públicas que se han realizado en la edición de este año sobre la respuesta desproporcionada y violenta que tuvo el personal de seguridad ante un incidente de otra naturaleza nos hacen dudar de la efectividad de este cuerpo y de su capacidad para actuar con el cuidado necesario ante situaciones de acoso como las que nosotras sufrimos.
Ante estas situaciones intimidantes y desagradables, como es de esperar, no acudíamos a la seguridad privada, sino que nos marchábamos rápidamente hacia la tienda para contárselo a las compañeras con las que estábamos, cruzando los dedos para que el baboso no nos siguiera con la mirada y no supiera dónde dormíamos. En definitiva, ir a lavarse significaba hacerlo con inseguridad y miedo a sufrir una agresión. Además, estas experiencias descritas son solo la punta del iceberg: las propias trabajadoras del punto violeta nos hicieron saber que ya habían recibido más denuncias similares o más graves.
II. La (falta de) responsabilidad del Rototom
Más allá de compartirlo entre nosotras y después de haber sufrido varias de estas situaciones, decidimos dirigirnos al punto violeta para denunciarlo o, como mínimo, para que quedara constancia ante la organización del festival. Nuestra decepción fue mayúscula con la respuesta que nos dieron las técnicas del punto violeta: nos informaron de que no tenían manera de actuar respecto a lo que nos había ocurrido y que, si bien podían comunicarlo al festival, creían que sería más efectivo que nosotras mismas nos encargáramos de denunciarlo públicamente. Lo que termina de enturbiar por completo nuestra experiencia en el festival es la nula conciencia que desde la organización se tiene de estos hechos, con falta de puntos violetas y de profesionales para hacer frente a estas situaciones.
Sorprende mucho que un festival que quiere construir un espacio bajo las premisas de “respect”, “equality” y “peace & love”, y que una y otra vez hace eco de la importancia de la vida en comunidad y de la convivencia pacífica, sea absolutamente ignorante —o, peor aún, sea consciente de ello y no quiera actuar en consecuencia— de las violencias que tienen lugar allí cada día del festival.
Por eso mismo, exigimos al festival que asuma la responsabilidad que le corresponde: garantizar la seguridad de todas las personas asistentes y, por tanto, contar con protocolos y personal efectivos, concienciar de manera preventiva y durante el festival de forma activa, así como distribuir los espacios en consecuencia. Por todo ello, exigimos que implementen, como mínimo, las siguientes medidas:
Prevención y concienciación en torno a las violencias de género, el acoso sexual y las agresiones machistas.
Del mismo modo que el festival cada año se compromete con diversas luchas y reivindicaciones por los derechos humanos fundamentales, y al igual que este año ha puesto especial énfasis en concienciar sobre el peligro de incendios —con publicaciones en redes sociales, enviando correos electrónicos informativos e imponiendo prohibiciones de hacer fuego en el recinto de la acampada—, pedimos que:
Se lleven a cabo campañas de concienciación específicas sobre el consentimiento y contra el acoso durante todo el año a través de las redes sociales y el correo electrónico (el “decálogo” del respeto que figura en el sitio web es insuficiente, vago, ineficaz e inaccesible) y, durante los días del festival, mediante cuñas sonoras por megafonía, puntos violetas informativos en espacios visibles y cartelería en el recinto del festival y en las zonas de acampada (especialmente en las zonas de duchas).
Se establezca un protocolo propio, como herramienta de prevención, de respuesta ante situaciones de acoso, y que se haga público para que la totalidad de las personas asistentes al festival lo conozcan desde el inicio.
Asistencia y respuesta ante situaciones de acoso sexual y agresiones machistas
Si bien todas querríamos estar en el mundo utópico en el que no existen violencias de ningún tipo, la realidad es que vivimos en una sociedad patriarcal y machista y no podemos encontrarnos desamparadas cuando se producen estas situaciones de violencia. Por ello, es necesario:
Implementar y hacer público un protocolo efectivo, como herramienta de respuesta ante el acoso sexual y las agresiones machistas, que establezca que cualquier persona que acose o cometa una agresión será amonestada y, en función de la gravedad de los hechos, expulsada del festival.
Establecer puntos violetas diurnos y nocturnos en todas las zonas de acampada (Campings A y B, zona de bar y duchas y zona camper) y en cada escenario del festival. Deben ser puntos violetas a los que se pueda acudir en caso de sufrir una situación de acoso o una agresión sexual y que den una respuesta inmediata, confidencial y acorde con el bienestar de las personas acosadas o agredidas.
Crear un buzón de denuncias y ponerlo a disposición de todas aquellas personas que quieran denunciar agresiones machistas, racistas y LGTBIfóbicas de manera confidencial. Esto permitirá a la organización disponer de un registro para cuantificar los casos de acoso y agresiones.
A la vista de todo esto, nos preguntamos cuántas mujeres han sufrido situaciones similares en el Rototom Sunsplash y no han encontrado un espacio seguro para denunciar y que incluso han decidido dejar de asistir al evento por considerarlo un lugar hostil e inseguro.
Por esta razón, nuestra intención es denunciar la falta de medidas para la prevención y la respuesta ante situaciones de acoso y agresión sexual en el festival. Creemos que es importante señalar las carencias que tiene la organización e instarla a mejorar para que estas situaciones no vuelvan a repetirse y todas las personas asistentes al festival cuenten con un espacio seguro y puedan disfrutar de la música, del espacio y del ambiente con absoluta normalidad en las próximas ediciones.
Por una cultura segura y libre de machismo.
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